Las cinco torres
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El cuadro presenta un paisaje impresionista vibrante y matérico, construido con espatuládas anchas y enérgicas que dan protagonismo a la textura y al gesto.
En primer plano, la cuenca alta del Manzanares se despliega como un mosaico vivo de verdes intensos, violetas y malvas, donde las jaras y lavandas se sugieren más que se definen, emergiendo a golpes de color. Las manchas moradas y lilas se entremezclan con verdes luminosos y ocres húmedos, evocando la vegetación mediterránea tras la lluvia, todavía fresca y fragante.
El plano medio está dominado por masas de arbustos y arbolado bajo, tratados con una paleta rica en verdes profundos, amarillos ácidos y toques rojizos que aportan ritmo y contraste. La espátula deja huellas visibles, creando una sensación de movimiento y densidad vegetal. Al fondo, casi como una aparición urbana, se recortan las Cinco Torres de Madrid, pequeñas pero reconocibles, integradas en el paisaje y bañadas por una luz suave. No imponen su presencia; dialogan con el entorno natural, envueltas en una atmósfera clara. El cielo, limpio y amplio, refleja el carácter tan reconocible de Madrid tras la lluvia: azules pálidos, blancos luminosos y leves rosados, aplicados con gestos sueltos que transmiten calma y profundidad. La luz es transparente, casi recién estrenada, y unifica toda la escena.
En conjunto, el cuadro transmite una sensación de aire limpio, silencio y amplitud, donde naturaleza y ciudad conviven desde la distancia. Es una obra que no busca el detalle literal, sino la emoción del paisaje madrileño en un momento efímero, captado con fuerza, color y materia.
Datos técnicos
Óleo sobre lienzo
Tamaño: 150x150 cm
Impresionismo naturalista
Formato grande
